La pregunta filosófica acerca de la existencia de Dios es una de las más antiguas y recurrentes en la historia de la filosofía. El debate, lejos de estar resuelto, sigue abierto en nuestros días. ¿Qué argumentos se han dado a favor y cuáles en contra? En este artículo, recopilamos las principales respuestas a una de las grandes cuestiones de la humanidad. Podría parecer que el avance de la técnica y el triunfo de la ciencia hace inútil todo debate sobre la existencia de Dios, pero nada más lejos de la realidad. A pesar de que ahora conocemos el mundo con mayor exactitud, la gran pregunta acerca del sentido de la vida sigue sin resolverse. Dentro de esta pregunta, Dios es una respuesta común. Baste recordar lo dicho por Maimónides, médico, rabino y teólogo judío de origen cordobés, en su célebre Guía de perplejos: «Una vez comprendidas las materias de la física, ya has penetrado en la mansión y te paseas por el vestíbulo; finalmente, después de haber terminado las Ciencias Físicas...
Problemas de memoria, lentitud y falta de claridad en los pensamientos, desorientación… ¿te suena? La niebla mental podría estar detrás. “¿Le envié ayer el mail? ¿Dónde guardé los papeles que traía anoche en la mano? ¿Qué era lo que tenía que comprar con tanta urgencia?”. De pronto, la nada. Le das vueltas y vueltas en tu cabeza, pero parece haberse rebelado y no querer soltar ningún tipo de respuesta. Por mucho que bucees en tu cerebro e intentes andar sobre tus propios pasos mentalmente, es imposible pensar con claridad. Tienes la sensación de que las neuronas están aletargadas, olvidadizas. Hay una nebulosa que no te permite despejarte y, la verdad, agobia… ¡vaya que si agobia! Se trata de la niebla mental. Pero ¿y si te dijésemos que la niebla mental existe desde mucho antes y puede deberse también a otros factores? Te damos la respuesta de la mano de Elena Puig Guitart, psicóloga sanitaria, terapeuta de polaridad acreditada por la AETP, especialista en mindfulness y EFT. ¿QU...