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¡EGOÍSMO!

Como egoísmo se denomina la actitud de quien manifiesta un excesivo afecto por sí mismo, y que solamente se ocupa de aquello que es para su propio interés y beneficio, sin atender ni reparar en las necesidades del resto.

La palabra, como tal, proviene del latín ego, que significa ‘yo’, y se compone con el sufijo -ismo, que indica la actitud de quien solo manifiesta interés por lo propio.

El egoísmo, como tal, es una actitud que dificulta la relación con el prójimo, pues la persona egoísta trata y hace sentir a los demás como si no existieran, o como si sus preocupaciones o ideas no importaran. De allí que también se lo compare con el individualismo.

En este sentido, el egoísmo es un antivalor, opuesto a valores tan importantes para la convivencia humana como la solidaridad, la gratitud o el altruismo.

EGOÍSMO MORAL

En Filosofía, el egoísmo moral o ético es un sistema de pensamiento filosófico según el cual las personas siempre obran para su propio provecho, pero de manera ética y racional, con respeto al otro, obedeciendo al sentido común, y honrando axiomas del estilo “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”.

El egoísmo no es otra cosa que un individualismo problemático que en el fondo se opone al interés propio y los intereses de los demás. Como lo resalta Hobbes, el egoísmo pone a los hombres en desacuerdo consigo mismo al crear un hambre que no puede satisfacerse. Hasta ese punto es una fuente constante de enfermedad. De cierta forma están caracterizados por:

INTERESADOS Se puede dar el caso de que aparentemente se muestren propensos a ayudar y hacer todo tipo de favores, pero sólo lo harán si hay algo en su propio provecho o simplemente para que los demás reconozcan y alaben sus virtudes.

AGRESIVOS Pueden aparentar ser luchadores, pero se enfrentan a los retos o a los problemas con una actitud hostil, luchando contra todo lo que se interponga en su camino.

PRETENCIOSOS

Quieren ocupar un primer plano y destacar sobre las demás personas. Cuando algo sale mal la culpa siempre es de los otros y refuerzan su ego haciendo ver la torpeza de los demás. Les encanta el poder y cuando lo tienen suelen echar por tierra las aportaciones de sus subordinados hasta que presentan las suyas como las mejores a seguir. Además, pueden llegar a ser muy fríos y calculadores e, incluso, proclives a la crueldad. Inconstantes en los afectos. Se entusiasman fácilmente con los nuevos amigos, ya que suponen más oportunidades para hablar de sí mismos y mostrar sus excelencias, pero, una vez superada esta etapa, no siguen cultivando la amistad iniciada.

EL CENTRO DEL MUNDO Todas las personas pueden tener comportamientos egoístas a lo largo de sus vidas. Sin embargo, existen etapas o circunstancias en las que resulta más patente:

1 INFANCIA. Entre los dos y los siete años hay una etapa de egocentrismo intelectual. El niño no puede prescindir de su punto de vista y se siente el centro de todo. Según la psiquiatra María Dueñas, es una etapa natural del desarrollo hasta que madura. A partir de los tres años, comienza a participar en sociedad y va abandonando poco a poco esta fase. Sin embargo, los niños rechazados, faltos de afecto o sobreprotegidos pueden ser incapaces de superarla.

2 ENFERMEDAD. “En los momentos en los que nos encontramos mal y necesitamos más cuidados por parte de los otros, esta actitud puede aparecer como un mecanismo de defensa”, explica María Dueñas.

3 VEJEZ. “Los ancianos pueden ser egoístas por su dependencia de los demás”, comenta María Dueñas. Sentirse desvalido puede potenciar esta conducta, ya que se anteponen las propias exigencias a los deseos de los otros.

De todos modos, los psicólogos han constatado que las personas con esta actitud suelen tener una mentalidad infantil, grandes dosis de debilidad y un sentimiento de inferioridad. Por su parte, el pensador Bertrand Russell, en su tratado La conquista de la felicidad, afirma que “el interés por uno mismo no conduce a ninguna actividad de progreso”







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