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LA VIRTUD DE LA PRUDENCIA

 Andrea della Robbia Tondo con la virtud de la Prudencia rodeada de una guirnalda de piñas, pepinos, limones, uvas y membrillos.

El espejo no sólo sirve para estimular nuestra vanidad, el deleite superficial de la contemplación del yo. El espejo también es el lugar donde buscarse, donde conocerse a uno mismo tal y como somos; y, por extensión, al ser humano en general, en sus profundidades y sabiduría.
Ser sensato, y actuar con mucho tino tanto en la convivencia familiar como en las decisiones y actuar diario, tener presente que es una virtud y que la Divina Providencia considera como una de las principales. La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo. “El hombre cauto medita sus pasos” La prudencia es la “regla recta de la acción”, escribe santo Tomás, siguiendo a Aristóteles. No se confunde ni con la timidez o el temor, ni con el doblez o la disimulación. Es llamada auriga virtutum: conduce las otras virtudes indicándoles regla y medida. Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar.”
De hecho, "γνωθι σεαυτόν” rezaba en el siglo IV a.C. una inscripción en la pronaos del templo de Apolo en el santuario de Delfos. “Conócete a ti mismo”. Este aforismo de autor controvertido, es un ejemplo de cómo el autoconocimiento se considera una parte esencial del camino hacia la sabiduría. No extraña por tanto que la Prudencia se concentre en mirarse en un espejo, pues es la virtud que se opone al vicio de la Estulticia y la Locura.
Desde la antigüedad
La Prudencia junto con las otras virtudes cardinales -Templanza, Justicia y Fortaleza-, fueron expuestas en “La República” de Platón y después inscritas en el pensamiento cristiano por san Ambrosio. ¿Pero qué caracteriza a la persona prudente? Precisamente, ya Cicerón y Séneca tratan sobre ella prácticamente como un sinónimo de sabiduría. La sabiduría se entendía como un camino de perfección moral hacia el bien, y no como inteligencia y/o acumulación de conocimientos. Así, la prudencia, que te permite diferenciar el bien del mal, guía con su saber al resto de las virtudes y para 
ello tiene en cuenta los hechos del pasado y del presente. Por ello, su cabeza se divide en el rostro de una joven muchacha, el presente, y el de un anciano, el conocimiento de la experiencia. 
Ser cultos e inteligentes
Por último, en su mano, lleva una serpiente. Este animal es un símbolo que cambia de significado dependiendo de su contexto, como suele ocurrir en el campo de la iconografía. En este caso es una alusión directa al pasaje bíblico de Mateo 10, 16. Aquí Cristo advierte a los apóstoles de que les envía como ovejas entre los lobos, por ello les aconseja que sean “prudentes sicut serpentes”, es decir: “sed sabios como serpientes”.







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