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LA GLÁNDULA TIMO

 

El timo es un órgano del sistema inmunológico. Era conocido en la Antigua Grecia por el origen de la palabra Thymos, que significa “corazón o alma”, posiblemente a raíz de su localización en el pecho, “cerca de donde se sienten, de forma subjetiva, los deseos y las emociones”. Por todo ello se le conoce con el sobrenombre de "glándula de la felicidad"

Galeno fue el primero en darse cuenta de que el tamaño de este órgano cambiaba de tamaño a lo largo de la vida. Inicialmente era considerado un “cementerio de linfocitos”, sin valor funcional. Sin embargo, su importancia en el sistema inmune fue descubierta en 1961 por Jacques Millar.

El timo cumple diversas funciones, entre ellas estimular el crecimiento de los huesos, favorecer el desarrollo de las glándulas sexuales y colaborar en el desarrollo y maduración del sistema linfático. Sin embargo, su principal función es la producción, la maduración y la diferenciación de los linfocitos T o células T, células del sistema inmune, indispensables para combatir diferentes antígenos extraños que puedan invadir nuestro organismo. El amor y el odio lo afectan profundamente. Los pensamientos negativos tienen más poder sobre él que los virus y bacterias. Como esa actitud negativa no existe en forma concreta, el timo intenta reaccionar y se debilita, luchando contra un invasor desconocido. En compensación, pensamientos positivos consiguen activar todos sus poderes, recordando que la fe remueve montañas.

«La glándula timo crece cuando estamos alegres, encoge cuando estamos estresados y todavía encoge más cuando nos enfermamos.» ¿Sabías que, en el centro de tu pecho, donde imágenes ancestrales lo muestran irradiando luz, un centro que brilla y se expande, se aloja una pequeña glándula llamada Timo? Se ha comprobado que dicha glándula crece cuando estamos alegres, se encoge a la mitad cuando estamos estresados y se reduce aún más si estamos enfermos.

La glándula timo es el órgano principal del sistema linfático. Su función principal es promover el desarrollo de las células específicas del sistema inmune llamadas linfocitos T.
Esta pequeña glándula llamada Timo, se sitúa en el centro del pecho, detrás del esternón, el hueso que la gente se toca cuando dice «yo». Su nombre en griego, thýmos, significa energía vital.
Nuestro sistema inmunológico es un sofisticado sistema diseñado para proteger nuestro organismo del ataque de virus, bacterias, hongos y células inmaduras. Realiza un monitoreo constante de nuestro cuerpo y allí dónde detecta alguna anormalidad, lanza los glóbulos blancos para restituir el tejido, y lo hace con una eficiencia notable. Toda la especie humana debe su supervivencia a este maravilloso sistema que nos protegió mucho antes de que existieran antibióticos, medicamentos, medidas higiénicas, etc.

Sin embargo, como todo sistema de nuestro cuerpo, también puede estar sometido a desequilibrios, de tal forma que cuando funciona con menor capacidad de la normal aparecen las enfermedades. Esto también abre las puertas a la invasión de todo tipo de microorganismos que aprovechan esas brechas para su ingreso.
Otro tipo de enfermedades de nuestro sistema inmunológico son las autoinmunes, que son aquellas en las que nuestra “defensa interna” se altera y termina atacando a tejidos normales de nuestro cuerpo. Algunas enfermedades autoinmunes son la esclerosis múltiple, la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica, el lupus, etc. En este caso existe un lazo detectado entre el aumento del estrés, el miedo, la tristeza, el enojo, la culpa y los picos de manifestación de estas enfermedades.
El que dirige este sistema defensivo es la glándula Timo. Desde su posición comanda todas las “operaciones” de defensa. Esta glándula se ve fuertemente influenciada por los estados emocionales. Una intensa carga emocional negativa puede hacer que disminuya su capacidad hasta en un 50%.

El timo crece cuando estamos alegres, encoge cuando estamos estresados y todavía encoge más cuando nos enfermamos. Esa característica confundió durante mucho tiempo a los expertos que, a través de las autopsias, siempre lo encontraban achicado y encogido. Se suponía que se atrofiaba y dejaba de funcionar en la adolescencia, así que durante décadas muchos médicos bombardeaban timos perfectamente saludables con altas dosis de rayos X, creyendo que su ‘tamaño anormal’ era el causante de las dolencias.
Más tarde la ciencia demostró que, aunque encogiéndose después de la infancia, la glándula timo sigue estando activa; es uno de los pilares de nuestro sistema inmunológico junto con las glándulas adrenales y está directamente relacionada con los sentidos, la conciencia y el lenguaje.
Como una central de teléfonos por donde pasan todas las llamadas, hace conexiones tanto hacia afuera como hacia adentro. Si somos invadidos por microbios o toxinas, reacciona inmediatamente produciendo células de defensa. Pero también es muy sensible a imágenes, colores, luces, olores, sabores, gestos, toques, sonidos, palabras y pensamientos. El miedo afecta profundamente a la glándula Timo.
Los pensamientos negativos tienen más poder sobre el Timo que los virus y bacterias. Frente a ellos la glándula intenta reaccionar y se debilita. Entonces el sistema inmune se debilita y las infecciones sobrevienen luchando contra un invasor desconocido imaginario, “solo compuesto por pensamientos”. Desde este concepto es trascendental dejar de creer en noticias, imágenes y rumores de lo que no es y abrir espacios. En compensación, los pensamientos positivos, basados en el amor, la comprensión, la compasión, la gratitud y el perdón, consiguen activar todos sus “poderes”, recordando la energía que vive en ti y que habías olvidado.








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