Allan
Kardec
Virtudes, vicios. el principio de las pasiones. egoísmo. rasgos de la persona de bien conocimiento de sí.
¿Cuál es la virtud de mayor mérito?
- “Todas las virtudes tienen mérito, por cuanto todas son expresiones de progreso en la vía del bien. Virtud es toda resistencia voluntaria a los estímulos de las imperfectas inclinaciones; pero lo sublime de la virtud reside en el sacrificio del interés personal por el bien del prójimo, sin un segundo fin. La virtud más meritoria es aquella que se funda sobre la más desinteresada solidaridad.
Algunos hacen el bien por impulso espontáneo sin tener que confrontar sentimientos opuestos; ¿tienen, ellos, el mismo mérito que aquellos a quienes les toca imponerse sobre sus propios instintos, y lograr dominarlos?
- “En quienes no precisan más ese tipo de confrontación, se ha cumplido ya el progreso inherente, por lo cual, a ellos los buenos sentimientos no les exigen esfuerzo alguno, y las buenas obras les parecen de fácil realización; para ellos el bien se ha convertido en un hábito; deben ser, por lo tanto, honrados como hábiles veteranos que han conquistado su grado en pleno campo de acción. Dado que, el ser humano se encuentra, aún, distante de la perfección, aquellos ejemplos sorprenden por el contraste, y se les admira tanto más por ser raros; pero sabed que en los mundos más avanzados que el vuestro, lo que entre vosotros es la excepción, allí es la regla. El sentimiento del bien es espontáneo, porque son habitados por buenos
Espíritus, y una sola intención nociva sería una singularidad monstruosa. Por lo cual los seres humanos viven felices. Será así, también, sobre la tierra, cuando la humanidad se haya transformado, comprendiendo y practicando el amor en su verdadero significado”-.
Aparte de los defectos y de los vicios, en torno a los cuales nadie puede engañarse, ¿cuál es el signo más característico de la imperfección moral?
- “El interés personal. Las cualidades morales son, frecuentemente, como el dorado sobre un objeto de bronce que no resiste la piedra de toque. Alguien puede estar dotado de cualidades reales, que le convierten, para el mundo, en una persona de bien; pero éstas, aunque impliquen un progreso, no resisten, siempre, a ciertas pruebas y, alguna vez es suficiente tocar la cuerda del interés personal para descubrir la realidad. Sin embargo, el verdadero desinterés es de tal manera raro sobre la tierra, que, si se os muestra, lo admiráis como una rareza. El apego desmesurado a las cosas materiales es un indicio de notoria inferioridad, porque, cuanto más el ser humano se aferra a los bienes de este mundo, tanto menos comprende su destino, mientras que, en sentido contrario, con el desinterés, demuestra que él ve el porvenir desde un punto de vista más elevado”-.

INTERPRETACIÓN: Percepción llena de gran agudeza, en la respuesta que obtiene el Maestro Allan Kardec, a la pregunta formulada, cuando expresa, -"El interés personal". Luego, se agrega: -"El apego desmesurado a las cosas materiales es un indicio de notoria inferioridad...". Al final de la respuesta, agrega: -”. Con el desinterés, demuestra que él ve el porvenir desde un punto de vista más elevado”-.
El desapego, es, ciertamente, una de las cualidades que reflejan el perfecto autodominio de las personas, cualidad ésta, que denota el desarrollo superior del carácter. Empero, este autodominio, para poseerlo, implica la práctica de la templanza como virtud. Pero, la templanza, para que pueda expresarse, precisa el cumplimiento de los demás valores universales, como el amor, la prudencia, la justicia, la equidad, cuando se aplica, la compensación, el equilibrio, el respeto, la compasión, el perdón.

Solamente enmarcando los propios pensamientos, sentimientos, palabras y actos en los parámetros de los valores universales esenciales, es posible que por encima del interés personal predomine el sentimiento de lo justo y el cumplimiento del propio deber, para hacer valer el derecho inherente. La virtud de la vergüenza sigue siendo el freno esencial para que, cada persona, pueda mantenerse dentro de los límites del recto camino, es decir: rectos medios de sustentamiento de vida, de decisiones, de acciones, de esfuerzo y de atención, entre otros importantes aspectos esenciales.
La educación en los valores universales, que se precisa impartir desde la más tierna edad, desde el propio hogar, y en la escuela, desde el inicio de los estudios, es lo que determinará que las nuevas generaciones emerjan con una comprensión de los límites de la prudencia y de la aplicación de la justicia en todo lo que se realiza: justicia para los demás, pero, también, para sí, acorde con la conciencia de la propia dignidad personal, o autoestima y/o auto-concepto.
Aparte de los defectos y de los vicios, en torno a los cuales nadie puede engañarse, ¿cuál es el signo más característico de la imperfección moral?
- “Tienen el mérito del desinterés, pero no el del bien que podrían hacer. Si el desinterés es una virtud, la prodigalidad irreflexiva es siempre, por lo menos, una ausencia de criterio. La riqueza no es dada, ni a algunos, para que la boten al viento, ni a otros, para que la encierren en un arca; ella es un depósito del cual todos tendrán que rendir cuenta, por cuanto tendrán que responder del bien que podían haber hecho, y dejaron de hacerlo, y de las lágrimas que habrían podido secar con el oro dado a quienes no lo necesitaban”-.
¿Aquel que hace el bien, no por la idea de una recompensa sobre la tierra, sino con la esperanza de que se le tomará en cuenta en la otra vida, es reprobable ese pensamiento? ¿Le afecta su progreso?
- “Es preciso hacer el bien por solidaridad, es decir, con desinterés”-.
Todavía cada quien desea, naturalmente, para emanciparse del estado menos feliz de esta vida, y los mismos Espíritus nos enseñan a practicar el bien con este fin; es, por lo tanto, indebido pensar que, haciendo el bien en esta dimensión física, se estará mejor en la espiritual
- “No ciertamente; pero quien hace el bien sin fines secundarios, y por el solo placer de agradar a Dios y a su prójimo que sufre, se encuentra, ya, a un grado de progreso, en cuyo estado experimenta en mayor grado el bienestar que otorga el cumplimiento de deber de solidaridad, que aquel que realiza el bien por cálculo preconcebido, a quien no le mueve la necesidad natural de la conciencia”-.
Desde nuestro punto de vista, aquí se precisa hacer una distinción entre el bien que una persona pueda hacer a su prójimo, y la atención que él presta para corregirse de sus propios defectos. Comprendemos que hacer el bien con el pensamiento de que nos será tomado en cuenta en la dimensión espiritual, sea poco meritorio; pero, enmendarse, domar las propias pasiones, corregir el propio carácter para elevarse, es, también esto, una muestra de inferioridad
- “Ciertamente que no; por hacer el bien entendemos, únicamente, la práctica de la solidaridad. Quien calcula cuanto le puede rendir una buena acción, tanto en la vida futura como en esta, actúa en forma egoísta; pero egoísmo no es el mejorarse a sí mismo para acercarse a Dios, por cuanto esta es la finalidad hacia la cual cada quien debe tender”-.
Si la vida corporal no es más que una estadía temporal sobre la tierra, y todo nuestro cuidado debe enfocarse con miras al futuro, es útil emplear el propio tiempo únicamente en adquirir conocimientos científicos relativos a las cosas y a las necesidades materiales
Sin duda; en primer lugar, porque así os colocáis en condición de ayudar a vuestros semejantes, y después, porque vuestro Espíritu ascenderá más rápidamente, si ya ha cultivado su inteligencia. En la dimensión espiritual se aprende más en una hora que en algunos años sobre la tierra. Ningún conocimiento resulta superfluo; en todas sus vertientes, contribuye en mayor o menor grado al progreso, porque el Espíritu perfecto debe saber todo, y, dado que el progreso debe cumplirse en todos los aspectos, todas las ideas adquiridas sirven al desenvolvimiento del Espíritu”-.
De dos ricos, uno que nació en la opulencia y no ha conocido jamás la necesidad; el otro, debe su fortuna a su propio trabajo, Ahora bien, los dos la emplean exclusivamente para su satisfacción personal; ¿cuál es el más culpable?
- “Aquel que ha conocido los sufrimientos, porque sabiendo lo que significa sufrir, no contribuye a aliviar el dolor de sus semejantes”-.
¿Quién acumula siempre sin hacer el bien a nadie, puede tener como excusa que lo hace para dejar más a sus herederos?
- “Es un compromiso con la mala conciencia”-.
De dos avaros de los cuales el primero se priva de lo necesario, y desencarna por efecto del hambre junto a su tesoro; el segundo no es avaro sino para los demás, pero pródigo para sí, mientras rehúye el más pequeño sacrificio para rendir un servicio, y no conoce límites en satisfacer sus gustos y sus pasiones, ¿cuál de los dos es más culpable?
- “Aquel que goza, porque muestra de ser más egoísta que avaro; el otro ha pagado ya una parte de su castigo”-.
Constituye una actitud culpable envidiar la riqueza por el deseo de hacer el bien
- “El sentimiento, ciertamente, sería loable, cuando fuese sincero; pero, es este deseo, siempre, verdaderamente desinteresado, y no oculta alguna mira personal. ¿Los primeros, a quienes quisierais hacer el bien en aquel modo, no sois casi siempre vosotros mismos?”
¿Es una actitud culpable la de estudiar los defectos ajenos?
- “Sí, y muy grave, como un acto carente de bondad, si se realiza con el fin de criticarlos, y luego, divulgarlos. Puede ser útil, alguna vez, si se realiza para obtener el beneficio de evitarlos; pero, jamás debería olvidarse que la indulgencia por los defectos ajenos es una de las virtudes incluidas en el amor. Antes de llamarle la atención a los demás por sus imperfecciones, cuidad de que no se os pueda decir lo mismo a vosotros. Lo que permite tener autoridad moral es la práctica de las virtudes opuestas a los defectos que criticáis en los demás. Los censuráis porque son avaros Sed vosotros generosos. ¿Son soberbios? Sed vosotros humildes y modestos. ¿Son duros de sentimientos? Sed amables. ¿Estrechez de miras en las acciones? Sed magnánimos. En pocas palabras, haced de modo que no se os puedan aplicar aquellas palabras de Jesús: - “Ve la paja en el ojo de su vecino, y no la viga en el propio”-.

¿Hay culpabilidad en el acto de investigar los defectos de la sociedad y en divulgar la magnitud de los mismos?
¿Cómo juzgar, en tales casos, de la pureza de las intenciones y de la sinceridad del escritor o del “Esto, por lo demás no sirve de nada; pero, en cada caso, si escribe o dice cosas buenas, aprovechadlas; caso contrario, es una cuestión de conciencia, que le concierne, únicamente, a la persona en particular. Del resto, si ella desea probar su rectitud, que avale sus preceptos con el propio ejemplo”-.
INTERPRETACIÓN: Se le atribuye a Jesús de Nazaret, el aforismo que expresa: - “En lo que ves, te convertirás”. Si la colectividad, a través de todos los medios de comunicación, incluyendo el arte, ve los ejemplos de la gente virtuosa, por el principio de: -en lo que se centra la atención se expande la conciencia-, al orientar positivamente las mentes de las personas con mensajes constructivos, contribuimos a edificar una mejor sociedad. Los ejemplos negativos hay que erradicarlos de la circulación, conjuntamente con las causas que los producen, y con campañas que centren la atención en la polaridad positiva opuesta. Es preciso ver la botella medio llena, y no medio vacía. Las cosas hermosas y no las feas, la prosperidad y no la pobreza, el amor y la armonía, y no lo contrario, ya que en lo que se ve y centra la atención, en eso, precisamente, cada quien se va convirtiendo, por la ley de atracción. Las imágenes mantenidas en la pantalla mental, tienen fuerza de atracción: atraen lo semejante, repelen lo desemejante. Los pensamientos y los sentimientos positivos, generan palabras y actos positivos, y auto-excluyen lo opuesto, automáticamente. Algunos autores han publicado obras bellísimas y morales, que sirven al progreso de la humanidad, pero de las cuales ellos mismos no se han aprovechado mucho. ¿Se le toma en cuenta, a ellos, como Espíritus, el bien que sus obras han producido?
- “Moral sin aplicación es semilla sin trabajo. ¿A qué sirve la simiente, si no la hacéis fructificar para nutriros? Estos escritores son tanto más culpables en cuanto tenían la inteligencia para comprender, pero, no practicando las máximas que predicaban a los demás, renunciaron a la recogida de los frutos”-.
¿Quién obra bien es reprobable, si tiene conciencia y se complace de ello?
- “Igual que tiene conciencia del eventual mal que podría realizar, debe tener, también, la del bien que hace, para saber si actúa rectamente, o no. Solamente pasando cada obra suya por la balanza de las leyes de Dios, y especialmente en la de la justicia, la del amor y la de la solidaridad, la persona en particular podrá conocer si su obra es buena o no, y, por lo tanto, aprobarla o desaprobarla.
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