Reflexiones en torno a sus relaciones
Nuestra hipótesis sustenta que, a partir de los cambios producidos en las nociones de ciencia y arte durante la segunda mitad del siglo XX, se produce una aproximación entre ambos. Primero repasamos los sucesos ocurridos en el derrotero histórico de occidente, que muestran cómo ciencia y arte pasan por sucesivas instancias de acercamiento o alejamiento, dependiendo de las conceptualizaciones y valoraciones de la época. Posteriormente y desde una visión epistemológica (Feyerabend), que recupera contribuciones de la historiografía del arte (Riegl) hemos seguido el proceso de acercamiento que se ha producido entre ambos. Este trabajo considera las relaciones entre arte y ciencia. Partimos del análisis de Paul Feyerabend, epistemólogo contemporáneo, y de las categorías explicitadas en dos de sus obras: Contra el método de 1976 y La ciencia como arte, artículo publicado en el libro Adiós a la Razón. En estos escritos el autor cuestiona la supuesta superioridad del saber científico sobre otras formas de conocimiento y abre las posibilidades de un acercamiento entre ciencia y arte.
En una primera parte, repasamos los sucesos ocurridos en el derrotero histórico de la cultura occidental, que dan como resultado diversas estructuraciones del conocimiento, en las que ciencia y arte pasan por sucesivas instancias de acercamiento o alejamiento, dependiendo de las conceptualizaciones y de las valoraciones que la época organiza en torno a ellos. Posteriormente y desde una visión epistemológica que surge de la filosofía de la ciencia (Feyerabend), pero que recupera consideraciones surgidas en el campo de la historiografía del arte (Riegl). El acercamiento entre ambos campos es el paradigma que triunfa en la consideración epistemológica de nuestra época. La problemática resulta sin lugar a dudas compleja, requiere del aporte interdisciplinario de la epistemología (entendida como filosofía de la ciencia) y de la estética (entendida como filosofía del arte).
Breve historia de las relaciones entre Arte y Ciencia . En la cultura occidental se puede observar un caminar casi paralelo, y en general no conflictivo, entre el arte, la ciencia y las técnicas, hasta el siglo XVIII. En la Antigüedad y el Medioevo el conocimiento del hombre sobre la realidad formaba un corpus relativamente homogéneo en el que se distinguían sólo algunas disciplinas específicas. Ciencia y arte no estaban delimitados (definidos y valorados) del mismo modo que lo están hoy. Existía sí una fuerte diferenciación entre la actividad intelectual y la manual, razón por la cual lo que hoy denominamos artes visuales (arquitectura, pintura, escultura, etc.), estaban consideradas "técnicas" ("techné" en tiempos de los griegos y "artes mecánicas" durante el Medioevo) y estaban claramente diferenciadas del saber científico y filosófico, pero en cambio la literatura y la música pertenecían al campo del quehacer intelectual (la música relacionada con la armonía y por tanto con la matemática y la astronomía y la literatura ligada a la filosofía y a la historia).
Es interesante agregar que, en el concepto griego de técnica, como en la noción posterior (latina y medieval) de arte, se encierran diversos significados: por un lado, ambos implican un saber hacer, y suponen que ese saber es conocimiento de las reglas que rigen el hacer. Para los antiguos y los medievales técnica y arte significaban destreza, es decir, la destreza que se requería para construir un objeto.
W. Tatarkiewicz en su llistoria de seis ideas... dice que...
"Una destreza se basa en el conocimiento de unas reglas, y por lo tanto no existía ningún tipo de arte sin reglas, sin preceptos ['..J De este modo, el concepto de regla se incorporó al concepto de arte, a su definición. Hacer algo que no se atuviera a las reglas, algo que fuera sencillamente producto de la inspiración o la fantasía, no se trataba de arte para los antiguos..." (Tatarkiewicz: 1992)

Con el advenimiento de la Modernidad, los artistas se separan de los técnicos y se re-posicionan socialmente. Mientras los técnicos, dedicados a los oficios, siguen siendo diestros trabajadores manuales, y continúan produciendo, 86 según ciertas reglas, objetos con finalidad práctica; los artistas visuales ascienden a la categoría de genios, productores de obras de arte, es decir de objetos sin finalidad práctica, en los que predomina la función estética. Al dejar de ser considerados como artesanos, los artistas se acercan al conocimiento y se invisten del prestigio que otorga el trabajo intelectual. La época renacentista, de manera especial, se distinguió, por una estrecha relación entre las ciencias y las artes, y algunos de los exponentes más conspicuos del Renacimiento fueron artistas y también grandes matemáticos, ingenieros y estudiosos de la naturaleza en general.
Sin embargo, la Modernidad entrañaba una decidida vocación racionalista que culmina con la desvinculación entre arte y ciencia. En el siglo XVI comienza un proceso de diferenciación y especificación del saber que trae como resultado la constitución y diferenciación de las ciencias (naturales primero, y sociales después) y la redefinición y reestructuración de las artes. En este proceso las ciencias se agrupan en tomo a la noción de verdad y se definen como la explicación de los fenómenos naturales y sociales que se vale de la aplicación del método matemático, la experimentación y el uso de instrumentos. El concepto de belleza, en cambio, define y agrupa a las artes; la literatura deja de ser entendida como filosofía o historia, para transformarse en el arte de la bella palabra y la música abandona el énfasis en la armonía matemática y cósmica, para comenzar a poner el acento en la bella armonía de los sonidos. Junto a las artes visuales y a la danza, estas actividades se alejan de la ciencia y también de la técnica. Así la ciencia se reserva el dominio del saber, mientras que el arte y la técnica se ubican en el plano del hacer. La técnica como hacedora de lo útil (objetos con finalidad práctica preponderante), y el arte como creador de lo bello (objetos con finalidad estética pura, es decir carentes de utilidad). Con la revolución industrial, la técnica y la ciencia se aproximan y de su unión resulta la tecnología (o tecnociencia como se prefiere denominarla actualmente). El arte, en cambio, se aleja cada vez más de ambas. La separación entre ambos campos del intelecto humano (creación artística y proceso tecno-científico) alcanza, en los inicios del siglo XX su punto culmine: arte y ciencia se transforman en actividades opuestas. "El mundo del arte y los artistas está en las nubes; el de la ciencia y la técnica, de pies en el suelo" dirá Monserrat Galí. Mientras el artista se relaciona con la creación, la bohemia, la intuición, la subjetividad y el sentimiento, el científico se vincula con la razón, la sensatez, el método, y la objetividad. Mientras el

arte pone el acento en el hacer y olvida la dimensión de saber que encerraba su antigua definición, la ciencia se reserva para sí todo el prestigio de ser la actividad productora de conocimiento. En la segunda mitad del siglo XX, nuevas consideraciones en torno al papel de la ciencia, y la incidencia de la tecnología en el campo del arte comienzan a desdibujar, nuevamente, los nítidos límites entre ciencia y arte. Cambios en el concepto de arte Sucesos históricos de importancia provocan modificaciones en las concepciones, valoraciones y prácticas artísticas. Entre los fenómenos que podríamos destacar como factores intervinientes en este proceso mencionamos: La aparición de la fotografía y con ella la posibilidad de reproducir técnicamente las obras de arte y difundirlas más allá del reducido ámbito del Museo, la Galería o el Salón de conciertos. Con la fotografía el artista pierde el monopolio de la producción de las imágenes. La pintura y la escultura dejan de ser una la representación de la realidad para tornarse, cada vez más, en una reflexión sobre el espacio. Con la aparición de las masas, se abren nuevos ámbitos para la circulación de las obras. Con el surgimiento de la industria aparecen los diseños que conforman un área de intersección entre ciencia y arte. Los diseños, a los que podemos definir como tecnologías, tienen sin embargo un fuerte anclaje en las ciencias sociales (por su dimensión comunicacional) y en el arte (por su dimensión estética). En el plano de la Estética (entendida como Filosofía del Arte) y de la práctica artística, el arte ha dejado de ser considerado como un mero hacer; han surgido posiciones que retoman la vieja definición de arte como saber hacer poniendo el acento tanto en el hacer como en el saber. El arte deja de ser considerado una práctica cuya función es reproducir la realidad mejorándola, embelleciéndola, sino que se lo valora como una forma de conocimiento que se expresa a través de diversos lenguajes (visual, musical, teatral, cinematográfico, etc.). Esta modificación en la concepción y valoración del arte, ha producido cambios en las instituciones formadoras de artistas. Los artistas y los teóricos del arte han comenzado a cuestionarse la problemática de la "epistemología del arte". Hasta hace poco tiempo la epistemología se definía en sentido amplio, como la filosofía del conocimiento, y en sentido más estrecho como la filosofía de la ciencia, pues, la ciencia era valorada como conocimiento por excelencia. Esta visión de corte positivista, no dejaba lugar a la consideración del arte, pues éste no era una forma de conocimiento. Los dominios del arte eran objeto de la estética o filosofía del arte. Cuando el arte es visto y valorado como un saber y un lenguaje, la estética y la epistemología se acercan y surge un ámbito que podríamos considerar interdisciplinario en el cual, como ya dijimos en la Introducción, se ubica este trabajo. Cambios en la noción de ciencia En el siglo XX las reflexiones en tomo a la ciencia comienzan a cuestionar los supuestos del positivismo que definen al conocimiento científico. A partir de las consideraciones de Karl Popper, en los años '30 comienza un proceso que va a modificar sustancialmente la visión de la ciencia que se tenía a fines del siglo XIX. Los cambios más significativos pueden resumirse de la siguiente manera: Del monismo metodológico que implicaba la creencia en la existencia de un único método científico, condición del éxito en la investigación se pasa a un pluralismo metodológico. Se abandona la idea de que el método científico es único y con valor normativo. Los distintos tipos de ciencias comienzan a diferenciar sus metodologías propias: para las ciencias naturales queda reservado el ámbito cuantitativo, mientras que las ciencias sociales apelan a la construcción de metodologías cualitativas como procedimientos más adecuados a la naturaleza de sus respectivos objetos. La realidad era considerada transparente y por tanto el resultado de la ciencia era la 1lJ: X: diul. El siglo XX comienza a poner en cuestión la absoluta cognoscibilidad del mundo real y pone el acento más en la faltabilidad de las teorías que en la verdad del conocimiento científico. El dato pierde entonces valor absoluto como única fuente válida de conocimiento' y comienza a crecer la importancia de la teoría.
La ciencia, que era considerada una acumulación de verdades, empieza a valorarse como un

conjunto de construcciones teóricas. Desde Popper, la actividad científica deja de ser considerada como un procedimiento sujeto a estrictas reglas para pasar a ser un acto creativo. En este sentido, arte y ciencia se acercan nuevamente. Así en la segunda mitad del siglo XX, el estado de situación, tanto del arte como de la ciencia, propicia una reconsideración de las mutuas relaciones. Las contribuciones de Paul Feyerabend en los años '70 y. 80 se revelan como una nueva alternativa para la redefinición. La anarquía epistemológica de Paul Feyerabend, su concepción ha sido calificada de las maneras más diversas: "extrema y nihilista", "enemiga de la ciencia" (Klimovsky) como así también "estimulante y provocadora" "pintoresca" y "posmoderna" (Chalmers). Aceptada o rechazada, alabada o repudiada, la postura de Feyerabend es considerada una visión diferente de la ciencia. Dentro de la posición del autor podríamos señalar tres ideas básicas que cuestionan las concepciones vigentes en tomo a la ciencia. La primera de ellas se refiere al método científico, la segunda hace referencia al problema (ya planteado por Thomas Khun) en tomo a la inconmensurabilidad de las teorías y la tercera cuestiona la pretendida superioridad del conocimiento científico. Analicemos cada una de ellas: El método científico Según Feyerabend, no es posible sostener la existencia de un método científico que contenga principios inalterables, válidos en toda circunstancia y cuya aplicación sea obligatoria para los miembros de una comunidad científica. Pese a los esfuerzos realizados por los epistemólogos, afirma el autor, que han analizado reiteradamente el quehacer científico con el objeto de establecer los pasos y las reglas que debe seguir toda investigación, el proceder del investigador científico no puede ser reducido a un conjunto de reglas fijas y universales. Suponer que la actividad científica puede ser explicada sobre la base de unas cuantas reglas metodológicas es una posición "tan poco realista como perniciosa". Es poco realista porque ignora que la ciencia es una actividad compleja, realizada por un ser complejo en circunstancias históricas. Y es perniciosa porque reduce a la ciencia al dogmatismo. Fundamentalmente, la reacción de Feyerabend se dirige contra las metodologías que se pretenden proveedoras de recetas fijas para el éxito científico. En los fundamentos de todo monismo metodológico subyace una concepción unitaria y estática de la racionalidad.

Considerar que el conjunto de reglas que los metodólogos han denominado "método científico" es en verdad el proceder de los científicos, implica una visión ingenua del hombre y del mundo. Su observación parte del análisis histórico de una disciplina: la física; en la historia de la física los descubrimientos científicos se han producido en circunstancias complejas y no pueden reducirse a un simple esquema metodológico. "La idea de un método que contenga principios científicos, inalterables y absolutamente obligatorios que rijan los asuntos científicos entra en dificultades al ser confrontada con los resultados de la investigación histórica." (Feyerabend). En todo caso, observa Feyerabend, la historia de la ciencia y el estudio de los casos particulares en que se ha llevado a cabo un descubrimiento científico, ayudan en tanto que proporcionan criterios al investigador para evaluar su elección y decisión, pero no existen reglas que deban cumplirse para garantizar el éxito científico. El único principio metodológico que puede ser defendido en toda circunstancia es, según Feyerabend, el principio que afirma que en materia metodológica todo vale. Esto no significa que el científico deba proceder en forma desordenada, caprichosa o incongruente; ni se trata de que en materia de procederes valga cualquier cosa. El principio todo vale significa que el científico no debe sentirse limitado, restringido, condicionado por un dogma metodológico. "Es posible conservar lo que puede llamarse la libertad de creación artística y utilizarla al máximo, no como una vía de escape, sino como un medio necesario para descubrir y quizás incluso cambiar las propiedades del mundo en que vivimos" (Feyerabend) Una de los prejuicios que ha mantenido distanciados a la ciencia y al arte es precisamente la idea de que mientras la ciencia es un proceder riguroso, sujeto a métodos, el arte es un quehacer libre que no admite condiciona mientos metodológicos. Si en el campo de la ciencia no hay métodos como recetas, si en materia de métodos "todo vale", el proceder del científico es un proceder libre, semejante al del artista. Paralelamente, si se admite que el arte es una forma de conocimiento, y en la actividad artística también "todo vale", no es de extrañar que actualmente los artistas y teóricos del arte, estén preocupados y ocupados en establecer el significado y sentido de la investigación artística. Teorías y métodos Feyerabend sostiene que existe una relación intrínseca entre teoría y metodología. A una determinada concepción de la física, por ejemplo, le corresponde una determinada metodología. Por tanto, se muestra partidario del pluralismo de teorías, principios y reglas. La proliferación de teorías hace posible que nuevas formas de pensamiento den lugar a una transformación de nuestro modo de ver el mundo (no sólo de pensarlo, sino también de percibirlo). El éxito duradero de determinadas categorías de pensamiento no es un signo de excelencia, de que la verdad finalmente ha sido encontrada, sino, antes bien, es un indicador del fracaso de la razón para encontrar alternativas de explicación adecuadas. Feyerabend reacciona contra la actitud que, hasta el racionalismo crítico de Popper (incluido éste) supone que toda metodología se propone encontrar principios y hechos que no estén sujetos a cambios. Una vez establecidos dichos principios, se intenta refutarlos, si todos los intentos de refutación fracasan, se cree haber descubierto un rasgo estable del mundo y se cree también estar un paso más cerca de la verdad. La actitud de Feyerabend, por el contrario, considera que cualquier estabilidad prolongada (de principios, teorías, categorías o ideas) constituye un fracaso. "Se ha fracasado en el intento de trascender una etapa accidental del conocimiento, y en acceder a un estadio más alto de consciencia y entendimiento." (Feyerabend: 1982).
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