Hay personas que usualmente dicen frases negativas sobre sí mismas, como “no sirvo para…”, “no puedo”, “no soy bueno para…”. Cuando escucho a mis alumnos decir alguna de estas frases, les aconsejo cambiarlas e invertir sus pensamientos por algo positivo pues el subconsciente “guarda” esa información y nos la hace “recordar” siempre.
El subconsciente alude a todo aquello que tenemos guardado, “escondido”, en nuestra consciencia, y no lo podemos ‘ver’ a simple vista, como ocurre con la parte sumergida de un iceberg. La información que tenemos almacenada en el subconsciente, y a la cual no podemos acceder fácilmente, suele contener miedos profundos, deseos reprimidos y experiencias traumáticas que, incluso de manera consciente, no nos gustaría recordar.
El doctor irlandés Joseph Murphy, en su libro “El Poder de la Mente Subconsciente”, sostiene que esta y los pensamientos influyen en nuestros resultados; es decir, que el poder de la mente interfiere directamente en el éxito y los rumbos de nuestra vida, moldeando nuestro destino.
La mente se divide en dos áreas, con funciones diferentes: la mente consciente y la subconsciente. La primera es la parte objetiva, la responsable de tomar decisiones, planificar y almacenar recuerdos a corto plazo; y, la segunda, la cual constituye casi el 90% de nuestra mente y sonde se encuentran los recuerdos a largo plazo, los hábitos, los comportamientos y nuestras creencias, es la que tiene más poder y que no sabemos utilizar.
Murphy sostiene que el subconsciente está abierto al poder de la sugestión, de modo que, si pensamos en cosas buenas, se harán realidad y si pensamos en cosas malas, también ocurrirán. Nuestro subconsciente no discute con nosotros, lo programamos y ya está. Por eso, es esencial tener sugerencias constructivas y positivas y pensamientos de armonía, salud, y paz. Todo esto será aceptado por la mente subconsciente, convirtiéndolo en realidad.
Finalmente, aconseja eliminar todos los pensamientos y energías negativas, como la ansiedad, el pesimismo, el miedo y las preocupaciones; alejarnos de toda negatividad, como las noticias y personas tóxicas; visualizar la vida que deseamos tener, y dormir 8 horas, pues el sueño es fundamental para la paz interior, la salud del cuerpo y la recarga espiritual. Asimismo, sugiere tener siempre buenos pensamientos sobre las personas con las que vivimos, no guardar rencores, resentimientos ni malos sentimientos y desear para los demás lo que se desea para uno mismo, porque lo que alimentamos es lo que conquistamos.
EL PODER DE LA MENTE EN LA SALUD
Nuestra mente es la gestora del funcionamiento de todos nuestros mecanismos internos, es decir, del funcionamiento de nuestros órganos, incluso de los más automáticos e instintivos. Por ello, si en ella reside la capacidad de dirigir, gestionar, coordinar y hacer que todo nuestro organismo funcione, esta tiene mucho que hacer para nuestra salud.
LAS DOS MENTES
Podríamos decir que tenemos “dos mentes”, la “consciente”, racional y analítica, y aquella otra, a la denominamos “subconsciente”. Es por esto que a veces queremos estar bien, pero parece que nuestro deseo no se corresponde con nuestro estado interior, y por el contrario, comenzamos a sentirnos mal, pareciendo que no tenemos control sobre nuestra mente, nuestros pensamientos o nuestro cuerpo. Mientras que la mente consciente quiere que todo vaya bien, en la mente subconsciente, sin embargo, se activan todos los sistemas de alerta, miedo y reacciones que nos hacen sentirnos fuera de todo control y fracasados ante el propósito inicial de que todo vaya bien. En la mente subconsciente se guardan las experiencias emocionales fuertes, y estas activan recuerdos, emociones, bloqueos e interferencias frente a situaciones que nos recuerdan a experiencias previas o traumáticas vividas, aunque no seamos conscientes de ello. Cuando vivimos experiencias emocionalmente intensas, nuestra parte subconsciente reconocerá otras situaciones relacionadas con aquellas como peligrosas, y activará todos los sistemas de alerta, sintiéndonos desbordados, generando malestar y sufrimiento, a pesar de que en el presente la situación no sea realmente peligrosa
LA SALUD DEL BIENESTAR
Desde nuestra mente, tenemos la capacidad de generar bienestar o malestar, aunque no seamos conscientes de que lo estamos haciendo. La salud es un estado en el que nos sentiremos bien, tanto física como psicológicamente. Y sentirnos bien depende de cómo nuestra mente gestione y afronte la vida y las circunstancias que ésta nos ofrezca, de la forma más eficaz posible
LA PROGRAMACIÓN MENTAL
Nuestras mentes se van programando a sí misma, con mensajes que recibimos desde la infancia, así como los que nos vamos diciendo a nosotros mismos a lo largo de la vida. Y de esta programación, depende nuestro malestar o bienestar, ya que hemos aprendido a reaccionar y a sentirnos de una determinada manera ante situaciones determinadas de la vida y de las relaciones. Con frecuencia, la programación mental queda guardada en el subconsciente y desde allí se generan problemas que somatizamos en nuestro cuerpo.
REPROGRAMACIÓN MENTAL
Para generar un cambio, es necesario “reprogramar nuestra mente”, o lo que es lo mismo, descubrir el camino para que genere actitudes, síntomas, evolución, pensamientos y sensaciones de bienestar. Esto es posible a través de terapia psicológica, con técnicas de reestructuración cognitiva o con hipnosis, entre otras, donde la persona descubre la programación errónea en su mente subconsciente, que genera malestar y enfermedad.Si la mente tiene el poder de dirigir el funcionamiento de nuestro cuerpo, es obvio que puede hacerlo correctamente y generar salud, si aprendemos a hacerlo. Para ello, es importante descubrir dónde la parte subconsciente genera bloqueos emocionales y desbloquearlos para permitir que fluyan emociones, actitudes y pensamientos sanadores
EL PODER DE LA MENTE PARA GENERAR SALUD
Tomar las riendas de nuestra salud supone adentrarnos en los dominios mentales. Ya que la mente subconsciente no es accesible de una forma fácil, es importante, utilizar el acceso que nos permite la mente consciente, lógica y analítica, a la misma vez que observamos las emociones que afloran en el proceso. Para comenzar, es importante que la comunicación con nosotros mismos sea a través de mensajes positivos y realistas con nuestras capacidades del presente:
“Yo puedo conseguirlo”
“Sé hacerlo”
“Voy a sanar”
“Mi cuerpo sabe restablecer el equilibrio”
Y de forma consciente, lógica, racional e intencionadamente estos mensajes guiarán nuestras mentes hacia el camino del bienestar, a la misma vez que nos devolverán el poder que tenemos para dirigir nuestra mente, descubriendo y recordándonos las capacidades internas para volver al equilibrio de la salud.
PODER O NO PODER: ALAS O LÍMITES
Muchas veces utilizamos la afirmación "no puedo" como excusa para no enfrentar retos. La realidad es que, cuanto más la repites, más disminuye tu confianza. Hay algo esencial que separa a quienes lo consiguen de quienes ni tan siquiera lo intentan. Y no estamos hablando de su capacidad, sino de su confianza. Poder o no poder es, en una gran parte de las ocasiones, cuestión de actitud. Muchas veces no existe en nosotros una incapacidad real para llevar a cabo aquello que se nos plantea, el límite surge íntegramente de nuestra mente. Lo interesante es que nuestras creencias tienden a verse, tarde o temprano, plasmadas en la realidad. A modo de profecía autocumplida lo que crees de ti mismo termina llevándote en la dirección que confirme dicha idea. Por ello, antes de afirmar que no puedes lograr algo, piénsalo.
NO PUEDO
“No puedo”. Son muchas las personas que tienen estas dos palabras completamente integradas en su vocabulario diario. Sin darle importancia las repiten una y otra vez, empleándolas como excusa ante numerosos retos. De lo que no son conscientes es de que nuestro cerebro se cree todo lo que le decimos, y si le afirmamos una y otra vez que somos incapaces, lo creerá. De este modo, esta afirmación va minando día a día nuestra seguridad y confianza en nosotros mismos. Se vuelve una respuesta automática y tan acabada que ni siquiera nos damos la oportunidad de probar. Cuanto más dices “no puedo”, más te convences a ti mismo de que esto es así. Por ejemplo, una persona se dispone a aparcar un coche por primera vez en una calle transitada. Su falta de seguridad lo lleva a ponerse nervioso, bajar del vehículo y pedir a su acompañante que aparque en su lugar. Así, debido a la evitación, cada vez que haya de enfrentarse a una situación similar se sentirá menos capaz y menos proclive a intentarlo. Pero el fenómeno va mucho más allá. Si un día decide armarse de valor e intentarlo, su diálogo interno se mantendrá constantemente repitiéndole que no puede. De este modo la ansiedad se apoderará de su organismo impidiéndole poner en práctica sus habilidades. El resultado será desastroso y la creencia habrá quedado confirmada: realmente no podía. La realidad es que, seguramente contase con los recursos necesarios para hacerlo, pero la ansiedad los bloqueó por completo. La limitación, que provenía únicamente de su mente, terminó plasmándose en la realidad.
PUEDO Y LO HARÉ
Por otro lado, la persona que cree que puede, evidentemente no habrá nacido con los conocimientos para llevar a cabo cualquier hazaña. No obstante, su confianza le permitirá practicar y desarrollar sus recursos, hasta que finalmente logre lo que se ha propuesto. Siguiendo con el ejemplo del coche, ante el reto de aparcar por primera vez la persona que confía en si misma enfrentará la situación con tranquilidad. Consciente de que es normal fallar en los primeros intentos, pero seguro también de que es tan capaz como cualquier otra persona de conseguirlo. Tal vez en las primeras ocasiones necesitará realizar muchas maniobras, pero cada intentó lo hará sentir más orgulloso y confiado. Y, en poco tiempo logrará aparcar sin complicaciones. En este caso la creencia también se cumple: finalmente ha podido, pero sólo porque se ha dado la oportunidad de intentarlo.
Nuestras creencias pueden proporcionarnos alas o ponernos grandes límites. De nosotros depende alimentar un tipo u otro de pensamientos. En nuestra mano está convertir nuestra mente en nuestro mejor aliado o en nuestro juez más severo. Pero hemos de ser conscientes de que las consecuencias que se derivan de cada elección son contundentemente distintas.
PODER O NO PODER: UNA DECISIÓN
Si llevas toda una vida saboteando tus oportunidades y tus intentos, es el momento de cambiar de prisma. Destierra de tu vocabulario las palabras “no puedo” y sustitúyelas por “soy capaz de hacerlo”. Huye del perfeccionismo, el error es una parte fundamental del camino hacia el éxito. Tienes derecho a intentarlo y fallar tantas veces como sea necesario. Pues, además, cada vez que enfrentes tus miedos (aunque no logres tu objetivo) estarás ganando en confianza. Cada vez te resultará más sencillo asumir retos, cada vez tendrás menos temor a fracasar. A medida que tu seguridad crezca el miedo se irá desvaneciendo. Conviértete en tu propio entrenador personal: confía en tus capacidades y recuérdate a cada instante que eres plenamente capaz de lograrlo. De ti depende construir la valentía y la confianza o permanecer estancado en la limitación.
EL PODER DE LA MENTE HUMANA Y SU IMPORTANCIA PARA MEJORAR NUESTRA SALUD
El poder de la mente humana es tan infinito como desconocido. La propia ciencia lo afirma y trata de resolver el enigma de cómo funciona y hasta dónde puede llevarnos un uso eficaz y mejorado de nuestro cerebro. Puede parecer raro, pero si te fijas una meta o te pones un obstáculo tu mente lo tendrá en cuenta y ejercerá un poder que condicionará la consecución del objetivo. Esto es porque la mente ejerce una influencia directa en nuestros actos y es esencial controlarla para gestionar las acciones, emociones, sentimientos y pensamientos. Aunque hay muchas preguntas sin respuesta en relación con el poder de la mente humana, sí sabemos que podemos aprender a canalizar la energía positiva, lo cual es muy beneficioso para lograr nuestras metas. Por otro lado, controlar los pensamientos negativos, ayuda a mejorar nuestra salud física y mental. La sugestión influye por ejemplo en nuestra salud. Hay numerosos casos clínicos documentados de "enfermos imaginarios" como el de Moliere que realmente no tienen dolencia física real, pero a los que el poder de su mente les juega una mala pasada.
Por otro lado, la fe recordemos que mueve montañas y hace que enfermos reales se curen con un placebo que carece de cualidades curativas pero que activa el poder de la mente para aportar la confianza necesaria para obrar el milagro de la sanación.
Tu mente te lleva a donde tu cuerpo no alcanza
De la misma manera, una persona, a priori libre, cosa que sucede con frecuencia, vive presa de sus miedos, complejos y traumas, y los lleva como cadenas invisibles que nunca le permitirán alzar el vuelo. No son las barreras físicas, sino psíquicas, las que nos limitan. Por eso hay personas ciegas que llegan a ser grandes periodistas e incluso escritores, o sordos como Beethoven, que han llegado a convertirse, quién lo iba a decir, en grandes compositores. No tener piernas no impide que se hayan conocido importantes deportistas que han superado sus limitaciones físicas y psicológicas llegando a obtener reconocimientos y medallas olímpicas. Las 3 funciones de la mente humana Esto es porque la mente además de pensar, siente y desea. A través del pensamiento, la mente controla sus otras dos funciones. Las tres funciones son vitales y el cerebro no funciona si alguna de ellas falta o falla. Mediante el pensamiento interpretamos el entorno y creamos las ideas que regulan situaciones y relaciones para resolver problemas. El pensamiento funciona por medio de acciones: juzga, analiza, compara, etc. Por su parte, el sentimiento indica a la mente cómo se encuentra debido al entorno, situaciones, relaciones y problemas. De ahí surgen los estados de ánimo: feliz, triste, preocupado, etc. Por último, el deseo aporta el empuje necesario para alcanzar el objetivo. Ahora que sabemos como funciona nuestra mente veamos cómo podemos sacarle rendimiento:
Estrategias para aprovechar el poder de la mente
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