El bienestar es una construcción compleja que se refiere a una experiencia y funcionamiento óptimos. La investigación actual sobre el bienestar se ha derivado de dos perspectivas generales: felicidad eudamónica y felicidad hedónica.
Hay dos concepciones populares de la felicidad: hedónica y eudaimónica. Ambos tipos de felicidad se logran y contribuyen al bienestar general.
El enfoque hedónico define el bienestar en términos de logro del placer y evitación del dolor. El enfoque eudaimónico se centra la autorrealización y define el bienestar en términos del grado en que una persona está funcionando plenamente.No obstante, se diferencian en que la felicidad eudaimónica se asocia a una mayor actividad de la corteza prefrontal. Un área asociada a las funciones superiores, a la planificación de la conducta y a la toma de decisiones; mientras, con la hedónic a, ocurre todo lo contrario.
Por ello, la felicidad eudaimónica se proyecta a largo plazo y aparece cuando ayudamos de manera honesta a los demás. También se interesa por cómo educar a tus hijos de la mejor forma posible o hacer una obra caritativa en la ciudad. La hedónica se basa en el placer que obtienes de las cosas, como puede ser el sexo, comer o dormir. Estos dos puntos de vista han dado lugar a diferentes focos de investigación y a un conjunto de conocimientos que en algunas áreas son divergentes y en otras complementarios.
El punto de
ajuste de felicidad
La investigación psicológica ha demostrado que todos tenemos un punto de ajuste de felicidad. La psicóloga Sonya Lyubomirsky ha esbozado los tres componentes que contribuyen a ese punto de ajuste y cuánto importa cada uno. Según sus cálculos: El 50 % del punto de ajuste de la felicidad de un individuo está determinado por la genética. Otro 10 % es el resultado de circunstancias que están fuera de nuestro control, como dónde nacen y quiénes son sus padres. Finalmente, el 40 % del punto de ajuste de la felicidad está bajo su control. Por lo tanto, si bien podemos determinar cuán felices somos hasta cierto punto, más de la mitad de nuestra felicidad está determinada por cosas que no podemos cambiar.
La adaptación hedónica es más probable que ocurra cuando uno se dedica a placeres fugaces. Este tipo de disfrute puede mejorar el estado de ánimo, pero esto es solo temporal. Una forma de no perder el terreno ganado es participar en actividades más eudaimónicas. Las actividades significativas como participar en pasatiempos requieren mayor pensamiento y esfuerzo que las actividades hedónicas, que requieren poco o ningún esfuerzo para disfrutar. Sin embargo, mientras que las actividades hedónicas se vuelven menos efectivas para evocar la felicidad con el tiempo, las actividades eudaimónicas se vuelven más efectivas.
El camino
hacia la felicidad
Estos estudios demuestran que tener un propósito en la vida y transitar
por ella con un relato positivo refuerzan nuestro bienestar. Esto puede hacer que
parezca que el camino hacia la felicidad es la eudaimonia. Sin embargo, a veces
es práctico participar en las actividades que evocan la felicidad hedónica. Si
te sientes triste o estresado, a
menudo disfrutar de un simple placer hedónico, como comer tu postre preferido,
puede ser un estímulo rápido que te haga salir de un determinado estado de
ánimo. Evidentemente, requiere mucho menos esfuerzo que participar en una
actividad eudaimónica. Por lo tanto, tanto la eudaimonía como la hedonía pueden complementarse en favor
de nuestro bienestar general.
Dos tipos de felicidad
Según la psicología positiva, podemos decir que existen dos tipos de felicidad: la felicidad hedónica basada en la búsqueda del placer y la felicidad eudaimónica basada en la autorrealización personal. La felicidad hedónica se fundamenta en la teoría de Aristipo del s. III A.C., que definía el placer como un bien exclusivo, alcanzable a través de mantener el control en las situaciones adversas y las favorables para conseguir una buena adaptación. El propósito de la vida radica en la experimentación del placer y felicidad como resultado de la suma de los momentos hedónicos personales. La felicidad eudaimónica se fundamenta en los estudios de Aristóteles. Éste criticó duramente la idea de felicidad como una simple satisfacción de necesidades y placeres, diferenciando la vida placentera de la buena vida. Para Aristóteles la verdadera felicidad es una actividad de acuerdo a la virtud, es vivir de acuerdo con la razón, lograr la autorrealización y llevar al máximo las propias capacidades.
La psicología positiva nos muestra que la felicidad y el bienestar profundo se experimentan manteniendo una actitud de eudaimonia, o sea que lo que nos impulsa a conocer, permite y ayuda a expresar lo mejor de nosotros mismos. Hay varias razones que indican esto, aunque la fundamental es que, siguiendo las sensaciones agradables y simples, no se puede conseguir la satisfacción duradera, ya que no duran mucho y están sujetas a diferentes variables que hacen que la percepción que tenemos cambie en función de la situación y el contexto.
Parece ser que las personas más felices son aquellas que persiguen un objetivo o propósito muy importante y significativo para ellas, ya que esto conlleva un proceso de transformación y unos desafíos a enfrentar que hacen que la satisfacción generada sea mucho más larga y profunda, además de perseguir algo que les hace sentirse vivas y en armonía con ellas mismas. También se adquieren unos aprendizajes adicionales que se pueden transferir a otras áreas de la vida que hagan que se desarrollen nuevas habilidades que le hacen a la persona crecer, y experimentar una satisfacción más duradera.
Así, la felicidad hedónica la componen todas aquellas actividades, situaciones o estímulos que generan sensaciones, emociones y estados de ánimo placenteros. Y la felicidad eudaimónica la componen aquellas experiencias más complejas que incluyen todos nuestros recursos para aplicarlos correctamente en nuestro desarrollo personal y nuestro propio potencial para así conseguir nuestra autorrealización y crecimiento como personas.
Según mi punto de vista estos dos tipos de felicidad no son excluyentes. Más bien son complementarios. La felicidad hedónica está más relacionada, en principio, con las necesidades humanas básicas, ya que implica la búsqueda del placer y la evitación o disminución del dolor. Se trata de buscar el bienestar subjetivo y las gratificaciones a corto plazo basadas en los placeres sensoriales. Así, el hecho de buscar el placer personal en la alimentación, el descanso o el sexo no hace otra cosa que disfrutar cubriendo nuestras necesidades fisiológicas básicas. Además, el hecho de buscar evitar el dolor puede estar relacionado con tener satisfechas las necesidades de seguridad como la salud, la protección y la generación de recursos, de la pirámide de Maslow.
Las principales actividades que podemos realizar para conseguir la felicidad hedónica siendo proactivos, son las de disfrutar de manjares o comidas que nos apasionan, beber nuestra bebida preferida, disfrutar de una tertulia con amigos, pasear por la naturaleza, contemplar una puesta de sol o maravillarnos presenciando una lluvia de estrellas. Además de manteniendo relaciones sexuales satisfactorias o practicando la meditación. Desde el punto de vista de la evitación del dolor, podemos conseguir felicidad hedónica manteniendo unos niveles de salud física y mental positivos, consiguiendo un empleo fijo que nos aporte seguridad económica, formando una familia o teniendo un hogar donde cobijarnos. Se trata de un tipo de felicidad a corto plazo en la que, generalmente, se produce lo que llamamos la adaptación hedonista, que es el concepto que nos indica que las situaciones que nos producen placer y felicidad, cuando son repetidas varias veces, llega un momento en el que dejan de ser gratificantes.
En cuanto a la búsqueda de la felicidad eudaimónica, estamos cubriendo las necesidades humanas más altas en la jerarquía de la pirámide de Maslow: las de autorrealización y reconocimiento. Para mí, la felicidad eudaimónica es la búsqueda de la autorrealización personal y profesional, sería más o menos, lo que Martin Seligman llama florecer. Es la satisfacción personal de sentirse bien consigo mismo y de tener la certeza de haber aportado a la sociedad. Tener esa sensación de plenitud y autorrealización sabiendo que estás aportando valor a los demás y que les estás transmitiendo tu felicidad. Para experimentar la eudaimónia es fundamental que nos marquemos objetivos que estén alineados con nuestros valores y principios básicos. Además de estar motivados para poder realizar la actividad necesaria que nos lleve a conseguir el objetivo que nos hemos marcado. Es importante basarnos en nuestras fortalezas y potencialidades para disfrutar plenamente de lo que estamos haciendo.
Resumiendo, la clave reside en marcar un objetivo alineado con nuestros valores basándonos en nuestras fortalezas y aprovechando nuestras motivaciones. De esta manera seremos capaces de crecer personalmente para conseguir alcanzar nuestro propósito de vida.
Algunas prácticas que podemos realizar para conseguir tener felicidad eudaimónica son: cursar una formación que nos haga sentir completos y disfrutar del proceso, como puede ser un nuevo idioma, un instrumento musical o conseguir un título deseado; aprender algo nuevo cada día que nos aporte, como cocinar una comida exótica, aprender un nuevo video juego, realizar alguna actividad manual como hacer ganchillo o desarrollar la capacidad de hablar en público. Así como conseguir un trabajo agradable que nos haga sentir realizados, La mejor actividad que podemos realizar para conseguir la felicidad eudaimónica es la de buscar y conseguir alcanzar un propósito de vida que nos haga sentir realizados y que aporte tanto a las demás personas como a nosotros mismos.
Comentarios
Publicar un comentario