Dejar pasar la luz es cualidad de las gemas más valiosas. Cuando honramos al reino mineral en nosotros estamos también identificándonos como los seres de luz que somos: millones de fotones germinaron en el encuentro entre óvulo y espermatozoide y el resultado de ello es lo que hoy somos. Por tanto, desnudar el alma, reconocernos vulnerables, dejar a un lado las fachadas y las máscaras, nos hace aún más preciados. Mostrarnos tal y como somos, sin falsas identidades y libres de paradigmas, se constituye en un acto sublime y gallardo que nos permite hacer movimientos de introspección que conduzcan a renunciar al perfeccionismo, la soberbia o cualquier otra manifestación del ego. Cuando somos transparentes se asoman la dulzura y la fragilidad, reconocemos la necesidad del otro en nosotros, decoramos la razón con el sentimiento, admitimos la angustia y el desasosiego para buscar refugio en quien nos brinda un consejo y apaña nuestras lágrimas, admitimos que no somos invencibles y calib...