«Si se dan las condiciones, entonces sí que podríamos decir que se produce una «muerte a gusto». El hombre actual contempla la muerte como el fracaso de su dominio sobre las fuerzas de la naturaleza. El «hombre tecnificado» puede controlar y manipular casi todo, pero se encuentra indefenso ante el hecho innegable de la muerte. Así, la muerte y el morir no tienen cabida en las sociedades industrializadas, no afectan a los sistemas productivos. La muerte, la agonía y la senectud son consideradas como representación de la impotencia de la moderna tecnología biomédica. Y esto es así porque una sociedad centrada en «valores» como el consumo, la producción y la eficacia necesariamente debe repudiar todo lo que no sea acción, rendimiento y vitalidad. La muerte, el hecho de morir, implica destrucción y negación de todos esos valores actuales. Por esto, la muerte es hoy un «antivalor». Hasta mediados del siglo XX, el gran tabú del ser humano era el sexo; después fue la muerte, y act...